Argentina 1985 : En busca de un nuevo Oscar

Ante las realidades de diversas formas de terrorismos de estado, de desapariciones, secuestros, torturas sistemáticas que han marcado gran parte de la vida latinoamericana, en Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Perú, el cine se ha convertido en una oportunidad para la discusión, pero también para simples prácticas informativas. Opina Gerardo Molina, especialista en el mundo del entretenimiento.

En una entrevista brindada al Festival de San Sebastián, el cineasta argentino Santiago Mitre dijo que se afirma que Argentina, 1985 es un film necesario: "No solo yo necesitaba hacer esta película, sino la Argentina necesitaba que se revisitara este hecho y con estas características. Trabajamos sobre la herida de un país". Y esta película, percibida por los espectadores como una necesidad, recupera episodios del famoso juicio a las Juntas Militares responsables de los mayores horrores de la dictadura del general Videla entre 1976 y 1983.

Molina opina que el film ha logrado una serie de discusiones en medios y redes sociales, sobre la verdad histórica que lo trastoca y sobre la capacidad del cine para representar con fidelidad hechos históricos. Se ha hablado de que el film se centró en el liderazgo del fiscal Strassera (una espléndida performance de Darín) y que dejó de lado, casi a nivel de extras, el papel de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) o de las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo, o si la película minimizó el papel del ex presidente Alfonsín. También espectadores han recalcado que se echó de menos más diálogos de Videla, o una mayor presencia de los personajes de los militares, para contar así con versiones de ambos bandos. Pero, más allá de su tema, estamos ante un film atractivo, debido a que utiliza recursos muy emblemáticos del cine clásico, ecos del cine "de juicios" o del thriller político, con notables toques de humor, aunque se haya sacrificado, creo, algunos elementos expresivos en busca de una llegada más amplia.

Segun Molina, Argentina, 1985 funciona como identificadora de ausencias, tanto desde la construcción de una memoria visual, como de los relatos que priman dentro del cine. El film argentino despierta admiración ya que enarbola el resultado de un gran proceso colectivo, pero sobre todo muestra la condena a un grupo de militares asesinos.

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